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EL VAGINISMO:
El vaginismo es una disfunción sexual, además de una condición psicosomática, que sufren algunas mujeres, que impide que sus relaciones sean plenamente satisfactorias. Se trata de un fenómeno que consiste en la contracción involuntaria de los músculos pélvicos y del tercio externo de la vagina, que dificulta la penetración, haciéndola dolorosa y hasta imposible. Su origen no es meramente físico, sino que tiene un componente psicológico muy importante que limita la respuesta sexual femenina.
El vaginismo es una de las dos razones más comunes de matrimonios no consumados. Las frustración de no tener relaciones sexuales puede llevar a seria insatisfacción y discordancias maritales. Esta es una de las razones por las que resulta tan importante documentarse acerca de este problema y tratarse debidamente.
Síntomas
El primer síntoma es la estrechez vaginal, dificultad o inhabilidad
para permitir la penetración para el coito.
Signos
y exámenes
Los especialistas en ginecología y los sexólogos
son los más indicados para intentar poner fin al problema, ya que pueden
actuar tanto en el aspecto psicológico como en el físico. Para confirmar
la presencia de vaginismo es necesario un examen ginecológico. El doctor
deberá notar si se presenta una contracción involuntaria de los
músculos de la vagina mediante la introducción del dedo. Si una
mujer no puede utilizar tampones, esto puede ser un indicador de la presencia
de vaginismo. Solucionar el problema no sólo ayuda a la mujer que lo padece,
sino que también ayuda a prevenir disfunciones en la pareja, ya que se
han descrito casos de impotencia masculina que tienen origen en la imposibilidad
de efectuar el coito (si el hombre no comprende la verdadera naturaleza del vaginismo,
es posible que incurra en pérdidas de autoestima).
Causas, incidencias y factores de riesgo
Con menos frecuencia el vaginismo puede ser una reacción a una disfunción sexual en el hombre o a una orientación fundamentalmente homosexual por parte de la mujer.
Las
mujeres que sufren esta disfunción no sólo la padecen en sus relaciones
sexuales, sino también en las exploraciones ginecológicas. Al carecer
de control sobre la capacidad de contracción de los músculos situados
alrededor de la vagina, cuando son atendidas por un especialista suelen manifestar
todos los síntomas que caracterizan a este problema, como la reacción
instintiva de cerrar las piernas para evitar cualquier tipo de examen.
Los especialistas diferencian la fobia del vaginismo: la fobia es consciente, mientras que el vaginismo no lo es. Sin embargo, en muchas ocasiones se presentan conjuntamente. Las mujeres que presentan vaginismo en distintos grados normalmente tienen fobias en cuanto al sexo y la penetración, ya que para ellas el coito normalmente es muy doloroso. Sin embargo esto no necesariamente quiere decir que sean frígidas. Muchas mujeres responden positivamente al estímulo y tienen orgasmos gracias a la estimulación clitorial. Muchas mujeres con vaginismo buscan el contacto y juego sexual, evitando la penetración.
El aspecto psicológico
Los profesionales en psicología están capacitados para ofrecer información suficiente a la persona afectada para que sea capaz de desmitificar la relación sexual o superar cualquier temor que pueda tener. Es importante que la mujer sepa cuál es la sensación que va a experimentar cuando se sienta preparada para afrontar el problema -por sí misma o con la ayuda del ginecólogo- a fin de que su reacción sea conocida de antemano y, por lo tanto, menos traumática. De esa forma se consigue que persista en los estímulos.
También es fundamental hacer un análisis profundo del comportamiento de la mujer y del momento por el que atraviesa para actuar sobre los factores que ocasionan el problema. Es así como se ponen de manifiesto posibles mitos sobre el sexo, carencias de información o experiencias traumáticas que pueden ser tratadas para poner fin al vaginismo.
El
aspecto físico
Existen algunos ejercicios que permiten a la mujer
recuperar el control de los músculos perivaginales. El objetivo de estos
movimientos, que precisan de la ayuda del ginecólogo, es saber manejarlos
para que la paciente sea capaz de asumir contracciones voluntarias que superen
a las involuntarias. Lo más aconsejable es aprender a contraer y relajar
la zona repetidamente (a esta actividad se la llama ejercicios de Kegel) e intentar
controlar la orina (interrumpiéndola en algunos momentos).
Prevención
Una forma de prevenir el vaginismo es criar a los hijos en un ambiente
con actitudes saludables hacia el sexo. Si el coito es doloroso para una mujer,
ella deberá buscar evaluación médica. Cuando el dolor llega
a ser considerado parte de la relación sexual, aumenta el riesgo de condicionar
una respuesta al vaginismo.
El tratamiento
El tratamiento indicado para el vaginismo es un programa terapéutico que incluye ejercicios de dilatación vaginal utilizando dilatores plásticos. Es importante que dicho uso sea realizado sistemática y progresivamente bajo la dirección de un terapeuta sexual. La pareja debe formar parte del tratamiento, que debe incluir cada vez más contacto íntimo y culminar en el coito. Además debe haber educación en cuanto a sexo contraproducente y mala información, que está presente en el 90% de los casos. Dicha educación deberá incluir información acerca de anatomía sexual, fisiología, el ciclo de respuesta sexual y los mitos comunes acerca del sexo. En los casos en que haya un fuerte componente de evitamiento sexual fóbico puede ser útil el uso de relajación hipnótica y auto hipnótica.
Las tasas de éxito de los tratamientos de 10 a 15 sesiones ambulatorias, realizados por especialistas en terapia sexual están generalmente entre 95 y 98%.