ColombiaLink.com – JAIME GARZÓN FORERO

UN
ADIÓS DE CARNAVAL

Por
Antonio Morales Riveira

Durante
tres años, de 1995 a 1997, fui el guionista y director periodístico
de Quac, el noticero, parodia semanal de un noticiero que tuvo una de las mayores
audiencias entre los programas de opinión en toda la historia de la televisión
colombiana. Jaime Garzón era el protagonista. Semana tras semana, vivimos
hombro a hombro esta experiencia profesional y personal. ¡Nunca nos divertimos
tanto! Pero, simultáneamente, logramos criticar las estructuras presentes
y pasadas del poder en el país, hasta el punto de influenciar muy seriamente
la opinión y, de contera, el poder.

Quince
días después del asesinato de Garzón tuve que irme de Colombia,
donde me habían amenazado reiteradamente. Hoy en Francia, he sentido la
necesidad de contar la historia de mi amigo y compañero, una historia que
no es sólo la suya o la de nuestras criaturas sino, al mismo tiempo, una
mirada sobre los acontecimientos que han marcado los últimos años
de la historia colombiana.


Cuando el 13 de agosto cinco tiros en la cabeza acabaron con su vida, Jaime Garzón
tenía 38 años. Su corta vida estuvo marcada desde los ocho años
por un impulso tanático y autodestructivo originado por la temprana muerte
de su padre. Desde muy joven, Garzón les expresaba recurrentemente a sus
amigos que deseaba morir, como su padre, a los 38 años. Desde entonces
la vida de Jaime transcurrió, en lo privado y en lo público, paralelamente
a la violencia colombiana. ¿Ese tanatos nacional, que ha signado al país
desde siempre, también regía el destino de Garzón?

Jaime
criticó el poder, símbolo del padre autoritario que nunca tuvo.
Y lo criticó no sólo para ejercer el derecho a la irreverencia sino,
precisamente, para parecerse a él. Al padre, al poder, al éxito.
Ese álter ego del padre ausente lo acogió, le dio triunfos y una
identidad. Pero el poder, en una simbiosis tragicómica, finalmente se devolvió
contra él. Buscando al padre ausente, Jaime encontró el poder, pero
en él encontró también la muerte. Tal vez el bufón
creyó formar parte de una corte que siempre lo vio ajeno e inconveniente.
Tal vez el bufón se equivocó…


Jaime Garzón nació en 1961 en un tradicional sector de clase media
baja de Bogotá y vivió sus primeros años en La Perseverancia,
barrio de obreros y empleados. Su padre y su madre, de tradición liberal,
como tantos otros colombianos impulsados por la violencia de los años cincuenta,
habían migrado hacia la capital. Curiosamente, su madre le enseñó
a leer y a escribir a los tres años, lo cual le permitió a Jaime
—amén de su sobresaliente inteligencia— pasar por encima de los
estudios y los deberes con una displicencia propia de los talentosos. Desde cuando
asistía a la escuela pública ya era conocido por ser un niño
circunspecto, a veces silencioso, pero capaz de sobreponerse a su timidez para
sorprender a todos con anécdotas, chistes e imitaciones que poco a poco
lo hicieron conocido en su pequeño mundo. Sin embargo, tanto en la casa
como en la escuela fue asumido como una «oveja negra» por su independencia,
a tal punto que sus profesores de la escuela primaria, de espaldas a los alumnos,
y al escuchar cualquier desorden en el aula, simplemente decían: «Garzón,
¡se sale!»

A
pesar de su natural rebeldía pero signado por una educación católica,
Jaime ingresó después a un seminario, donde aprendió rigores
y disciplinas. No fue larga su etapa mística, interrumpida por un rector
que lo expulsó del seminario al ver en él precisamente lo que era:
una oveja descarriada. Entonces Jaime trasegó por diversos colegios de
la ciudad, hasta toparse con un grado de bachiller non sancto. Eran tiempos de
cambio y de latinoamericanismo de izquierda, pero también las últimas
volutas de la mariguana del hippismo estaban en el aire. Jaime militó en
el pelo largo, el rock and roll, la paz y el amor. Pero simultáneamente
encontró a los personajes que entonces pululaban en los bares y en las
universidades públicas, con el Libro rojo de Mao y el Manifiesto comunista
debajo del brazo.


Fue así como decidió ingresar a la Universidad Nacional de Bogotá
con el propósito de ser abogado. Sus intenciones políticas personales
le decían que los abogados se convertían en presidentes de Colombia,
pese a que los jóvenes de entonces apreciaban más todo tipo de actos
y teorías antiestablecimiento que las leyes mismas. Garzón pretendió
ser un abogado dedicado a la causa de los pobres, pretensión que, junto
con su educación cristiana y su fallida vocación sacerdotal, lo
condujo a ser militante del Ejército de Liberación Nacional, la
guerrilla guevarista impregnada por el marxismo cristiano y la Teología
de la Liberación, dirigida por curas rebeldes y embudo generacional por
el cual se fue a las montañas buena parte de la izquierda colombiana de
la época.


Después de pasar tres meses en las montañas de Antioquia, tiempo
en el que su labor guerrillera se redujo a cuidar varios millones de pesos enterrados
en una loma, Jaime empezó a desencantarse de la dura vida del monte. Alguna
vez recordaba que al desenterrar el dinero, éste se había podrido.
Aquello fue una señal y Jaime pidió el retiro. Los años siguientes
los dedicó a pequeños trabajos relacionados con su inacabada carrera
de abogado. Fue un poco de todo: asesor, «tinterillo» y, en especial,
un gigantesco faro de diversión para sus amigos. Cada vez imitaba mejor
a los personajes de la política colombiana, pero entonces no sabía
que, de tanto hacerlo, se volvería uno de ellos.

Ya en el año
de 1986, tras su huida y rompimiento con la izquierda, de la cual en el fondo
nunca salió, Garzón decidió iniciar su irresistible ascenso,
al modo de un Arturo Ui a la colombiana. Tras unos contactos no muy serios con
Andrés Pastrana, entonces alcalde de Bogotá, Jaime fue nombrado
alcalde menor de la zona de Usme en Bogotá, lugar rural y agreste de mínima
población, a no ser por los centenares de guerrilleros que por allí
transitaban. Con esa pequeña cuota de poder, las artes imitatorias de Garzón
fueron un poco más conocidas, y de boca en boca entre la izquierda y uno
que otro periodista se supo que, por allá en las montañas del sur
de Bogotá, un bicho raro imitaba de manera delirante a todo el mundo. Un
periodista del Noticiero de las 7 me propuso —entonces y casualmente (¿hay
casualidades?) yo era director de ese informativo— hacer una nota con ese
agreste alcalde. Acepté el reportaje y fue así como Garzón,
en 1987, apareció por primera vez con sus imitaciones en la televisión.
La entrevista difundida fue bien comentada e hizo que Garzón saliera de
la esotérica parroquia de sus amigos a la contaminada luz pública.


Tras esa efímera aparición ante las cámaras, Garzón
empezó a desarrollar una serie de relaciones con los altos círculos
del poder en Colombia. Inicialmente, debido a sus diferencias con Andrés
Pastrana y sus relaciones con los guerrilleros de las Farc en la zona de Sumapaz,
Garzón fue retirado del cargo de alcalde menor (pocas semanas antes de
su muerte y tras un largo juicio administrativo que entabló, Garzón
logró ser restituido en 1999, once años después, al cargo
de alcalde. El mismo día renunció y la muerte lo sorprendió
esperando un suculento cheque de indemnización).


En el año de 1990, Garzón entabló una cercana amistad con
el recién elegido presidente de Colombia, el neoliberal César Gaviria.
Participó en la preparación de la Asamblea Nacional Constituyente
en 1991, que produciría una nueva Carta Magna, y luego, ya como empleado
directo de la Presidencia de la República asumió —nominalmente—
la traducción de la nueva Constitución a las lenguas indígenas.
Pero, en realidad, Garzón comenzó a ser el bufón de la corte
de Gaviria y ejerció al mismo tiempo, y no oficialmente, las funciones
de asesor de comunicaciones del presidente. Ello le permitió, esta vez
sí, codearse con los que tienen el poder, siempre actuando como un ácido
crítico y ejerciendo su derecho de poner todo en duda, hasta al propio
Gaviria, quien, convencido de la necesidad del bufón, le dio largas para
que se burlara ampliamente de su gobierno.


En ese ejercicio de la ironía cotidiana en el palacio presidencial, en
los cocteles y demás actos de alto coturno social, Garzón vio la
posibilidad de «rentabilizar» sus dotes histriónicas. Una productora
de televisión le propuso montar un programa. Así salió al
aire su primer gran éxito: Zoociedad.

PRIMER
ACTO: ZOOCIEDAD. EL BUFÓN LLEGA A LA CORTE

Durante
los años de Zoociedad, sustanciales transformaciones ocurrieron en el país.
La nueva Carta política, producto de un pacto de paz con la guerrilla del
M-19, parecía enrutar a Colombia hacia una nueva sociedad, más justa
y participativa. Garzón trabajaba con el gobierno en el desarrollo de esta
Constitución y en Zoociedad defendía ese proyecto mientras criticaba
los grandes vicios de la política colombiana: clientelismo y corrupción.
Sin embargo, sus sátiras se concretaban más en torno a la vida de
la sociedad y no sobre la política misma. Jaime perfilaba el programa como
una burla a las costumbres contemporáneas y seguía trabajando con
el presidente Gaviria. El bufón del palacio había trascendido las
instancias del poder y empezaba a ser el bufón de un país que asistía
a un recrudecimiento del conflicto armado, con la llamada «guerra integral»
de César Gaviria, otra época más de la violencia titulada
con palabras rimbombantes, como tantas otras del pasado y otras que habrían
de venir. Paralelamente, el narcoterrorismo del cartel de Medellín plagaba
de carros bombas y decenas de muertos las calles de las grandes ciudades. Pablo
Escobar era entonces el gran capo, el criminal más perseguido del mundo.


La leyenda de Escobar crecía, y a la par, Garzón registraba ácidamente
en Zoociedad todos estos dramáticos acontecimientos. Por medio de la crítica
a los narcos, al poder, a los militares y a los políticos, tal vez comenzaba
a cocinar el caldo de cultivo que lo llevaría a ponerse en la mira de aquellos
que en Colombia amenazan y matan. En 1992, Pablo Escobar cayó abaleado
en el tejado de una casa de Medellín y el país tomó un nuevo
aire. No hubo más bombas. Zoociedad reflejó con alegría ese
corto estado hipnótico, pues poco después Colombia volvió
por el sendero de la exacerbación de la violencia ligada al narcotráfico
del cartel de Cali y a las ya concretas relaciones de la mafia con la guerrilla
de las Farc.

En
ese contexto, Garzón creció en audiencia hasta convertir a Zoociedad
en una cita obligada de millones de televidentes. Su personaje, el presentador
Émerson de Francisco, sorprendió con un género innovador
de magazín y show de variedades. Garzón, con su caricatura del prototipo
del periodista de televisión apabullado por su propia imagen, se burlaba
de la prepotencia de los medios. Se trataba de un costumbrismo sencillo, y más
que caracterizar y crear determinados personajes, imitaba a grandes rasgos y de
manera intuitiva a los diferentes actores de la vida política nacional.
Con ello logró fascinar al público gracias a la independencia y
la irreverencia con que se enfrentaba a los diversos acontecimientos nacionales,
pues por primera vez en Colombia el humor —que hasta ahora se había
usado sólo en comedias fáciles y chistes prefabricados— servía
para criticar de frente la escena política. Garzón tomaba conciencia
de su propia importancia.

Tras
el final de Zoociedad, que salió del aire cuando empezó a desgastarse,
Garzón pasó algo más de un año alejado de la pantalla
chica. Durante ese tiempo el país asistió a la transición
del gobierno de Gaviria hacia el de Samper, y Jaime se incrustó cada vez
con más fuerza en los círculos de poder. Se había convertido
en un punto de referencia, no sólo para el humor, sino muchas veces como
cabeza pensante de ciertos sectores de la burguesía. Ahí surgió
el Garzón actor, más allá de las parodias y las imitaciones.
Un espectáculo escénico llamado Mamá Colombia permaneció
durante largos meses en el teatro Nacional. Jaime hacía una apretada síntesis
de Zoociedad pero creaba personajes más elaborados, pues los tiempos del
teatro, más laxos que la efímera televisión, le permitieron
comprometerse con su labor actoral y crecer desde adentro hacia un público
más calificado.

SEGUNDO
ACTO: QUAC, EL NOTICERO. EL BUFÓN DESENMASCARA A LA CORTE

«Buenas
noches: bienvenidos a la mayor desinformación de Colombia y el mundo».
Con esta «autocrítica» frase, todos los domingos a las siete
de la noche Garzón y su compañero, Diego León Hoyos, que
encarnaba a la presentadora María Leona Santodomingo, iniciaban la parodia
de aquel informativo de televisión.


Meses atrás, Garzón y yo, ambos desempleados pues Jaime no tenía
un programa permanente y yo había dejado la dirección del noticiero
AM/PM, propiedad del desmovilizado M-19, coincidimos en la necesidad de crear
un espacio. Utilizando un género de total influencia y recordación
como los noticieros, se pondría en irónica tela de juicio el poder
en Colombia a lo largo de la historia y la estrecha relación con los medios;
en el país todo expresidente, todo partido, todo grupo económico
poseía y posee, en canales estatales o privados, un noticiero. Cada medio
se convierte así en una estrategia de campaña electoral y en un
recurso económico para financiarla, en un perverso círculo vicioso
poder-medios.


Decidimos entonces proponer este «formato» de humor en un período
coincidencialmente teatral de la realidad colombiana. Eran los tiempos escénicos
del proceso 8.000 —versión latinoamericana del mani puliti italiano—
que juzgó, por sus relaciones y por haber recibido dinero del narcotráfico,
a la corrupta clase política colombiana, desde los «caciques»
regionales hasta al propio presidente Samper. Proceso que a su turno fue el chivo
expiatorio de viejas tradiciones corruptas que esta vez, a causa de la presión
norteamericana, debían producir la caída de muchas cabezas. Decenas
de políticos fueron a la cárcel, Samper fue exonerado y terminó
normalmente su período, y el único fruto del 8.000 fue para los
gringos, quienes gracias a él consolidaron su intervención política
en Colombia, que hoy ha llegado desde la dirección de la diplomacia y las
políticas estatales, hasta el campo de batalla.


El proyecto con Garzón como presentador-actor y yo como cabeza periodística
y guionista lo compró RTI, programadora que emitió el primer capítulo
de Quac en febrero de 1995.
Durante dos años y medio decenas de personajes
«reales» o emblemáticos desfilaron por Quac, al punto que para
los televidentes colombianos sus interpretaciones eran no sólo más
familiares, sino más certeras y cercanas a la realidad misma. Ningún
sector del país se salvó de la sátira, pues desde un principio
se consideró que su éxito dependería del equilibrio proveniente
de darles palo, democráticamente, a todos los protagonistas.


Aún hoy en Colombia no se ha olvidado al presidente Samper encarnado por
Garzón y sus alocuciones y peripecias por los corredores del palacio; o
al eterno Andrés Pastrana, en su doble juego de ser amigo de los gringos
hablando desde Miami o empecinado en las regresiones hipnóticas para encontrar
su destino. Y también al expresidente Alfonso López moviendo la
opinión nacional dentro de un barril de whisky o como protagonista de una
ópera bufa.
Garzón, en ese entonces, invitaba a su casa todos
los jueves a aquellos a quienes había imitado y ridiculizado. Todos iban,
tomaban unas copas y la realidad, como el propio Quac que era igual de delirante,
nutría a sus personajes y le brindaba a Jaime, al ser humano tocado por
el arribismo, su integración con el poder. No en vano una de sus amistades
más sonadas fue con el embajador de Estados Unidos, Myles Frechette, a
quien siempre pusimos en escena vestido de vampiro o de virrey colonial.


En ese ir y venir entre la crítica al poder y el poder mismo, Garzón
también tocó a otros protagonistas de un país cuya clase
política estaba tan desacreditada, que permitió el surgimiento de
políticos «nuevos» en sí mismo delirantes. Tal es el
caso de Antanas Mockus, quien sin campaña electoral alguna llegó
a la alcaldía de Bogotá tras hacer el gran acto simbólico
de bajarse los pantalones y mostrarles el culo a 2.000 estudiantes, cuando era
rector de la Universidad Nacional. O la excanciller Noemí Sanín,
que para Quac sólo tenía un «lindo cuerpo diplomático»
y quien, igualmente como candidata presidencial, se reclamaba producto de la nueva
política, con una evidente carga tradicional que señalábamos
hasta el delirio. El país, de alguna manera, pensaba lo mismo que Quac,
o Quac interpretaba al país, y por ello la identidad del programa con su
público creció como espuma. La tragedia nacional no estaba ausente.
Álvaro Gómez, líder de la derecha colombiana, era objeto
de todo tipo de mofas en Quac. Jaime lo imitaba permanentemente hasta el día
en que Gómez fue asesinado de doce balazos. Los signos de la muerte merodeaban
por Colombia y, claro, Garzón era una expresión muy colombiana.


Quac crecía en medio de las vueltas interminables del proceso 8.000, que
destapaba las ollas podridas de la corrupción, esas mismas que olían
mal desde siglos atrás, con toda su carga histórica en un país
acostumbrado al dolo, las traiciones y demás figuras propias de las corruptelas
en el poder. Por eso en Quac esos políticos de hoy se mezclaban con grandes
héroes o referentes históricos también caracterizados por
Garzón, como el Libertador Simón Bolívar y el general Santander,
o grandes líderes asesinados (¿la muerte es el motor de la historia
en Colombia?) como Jorge Eliécer Gaitán, cuyo homicidio generó
«la violencia liberal-conservadora» desde los años cincuenta,
o la muerte de Luis Carlos Galán, aparentemente víctima del narcotráfico.
Reencontrar la historia era una manera de poner en evidencia las raíces
de unas maquinarias a veces mortales, que desde siempre han mantenido al país
en el subdesarrollo y las desigualdades, con el apoyo de Estados Unidos. Por eso
la frase reiterada en Quac «Y el gringo ahí», se volvió
un giro habitual en las conversaciones de los colombianos.
No todo eran imitaciones
y puestas en escena de los personajes reales. Quac creó también
personajes propios, estereotipos que coincidían con grandes bloques de
la diversidad nacional. De ese corte eran el paramilitar y el guerrillero, reflejo
de la guerra en los campos; el militar violador de los derechos humanos; Carlos
Mario Sarmiento, el superempresario indolente, o Pastor Rebaño, un amanerado,
indolente y aristocrático obispo.


La suma de personajes reales y emblemáticos muchas veces le hacía
preguntar al grueso público: «Pero, ¿con quién está
Quac?». Y en una especie de efecto didáctico del programa sobre el
público que observaba paralelamente la realidad, las propias gentes, por
puro sentido común e identidad, se respondían: «Como nosotros,
Quac está contra todos».


Así
como muchos personajes se construyeron para ser repudiados, otros funcionaban
a la inversa. El público se identificaba con ellos, con su modo de ver
el país. John Lenin era un estudiante de izquierda, militante, marxista
en decadencia, metido aún en la guerra fría. Godofredo Cínico
Caspa era un abogaducho de extrema derecha, ventajoso e inmoral, que apoyaba todo
lo sórdido. Dioselina Tibaná, la cocinera del palacio presidencial,
chismosa y ladina, expresaba claramente el alma del campesino emigrado a la ciudad,
escéptico y noble. Inti de la Hoz era una muchacha contemporánea,
posmoderna y parte de la generación X, frívola e ignorante. Y Néstor
Elí, el portero del edificio Colombia, donde vivía toda la fauna
social del país ligada al poder, era un trabajador raso profundamente crítico,
de desconcertante habilidad de palabra, seductor y lúdico.


Algunos de esos personajes contaban, hacia adentro, la vida de Garzón.
John Lenin era el Jaime de la universidad pública, el guerrillero; Godofredo,
el Garzón abogado, también proclive al neoliberalismo y al ascenso
social; Dioselina era el Jaime pueblerino de sus orígenes familiares; Inti,
el Garzón light y amante del poder, y Néstor Elí era simplemente
Jaime Garzón.
Y para redondear el universo de Quac, no faltaban en
el noticero los reporteros. William Garra, William Farra y William Narra, periodistas
que cubrían política, sociedad y deportes. Y con ellos el necrofílico
Frankenstein Fonseca, encargado de la crónica roja.


Esos personajes permitieron que Jaime el ser humano y Garzón el humorista
fueran queridos y respetados, pero también odiados. Cualquiera podía
ser su amigo, cualquiera podía ser su enemigo. Su vida personal y su vida
pública cada vez se mezclaban más. Andrés Pastrana dejó
de hablarle, los militares también le retiraron el saludo y los narcotraficantes
lo amenazaron. Desde los tiempos de Quac, Jaime había empezado a ser mucho
más que el inquieto humorista. Su peso específico en asuntos «serios»
del país era notable y ya empezaba a interesarse directamente como ciudadano
en el tema de la guerra y la paz, en los derechos humanos, en el secuestro…


Jaime estaba forjando su propia muerte. Conscientemente, por su trabajo, sus declaraciones,
su manera de relacionarse, su vida intensa en medio de la fiesta y sus actos cada
vez más políticos. E inconscientemente (¿o no?), por su viejo
impulso tanático. Aun así, nunca se suicidó. Lo mataron…

TERCER ACTO: HERIBERTO. LA CORTE MATA AL BUFÓN

En
junio de 1997, los autores y actores de Quac decidimos voluntariamente acabar
el programa. «Siempre es bueno salirse en lo mejor de la fiesta».
Tres meses después nos volvimos a encontrar. En el programa Lechuza, construimos
un nuevo personaje: Heriberto de la Calle, un típico embolador bogotano,
de la más extrema raíz popular, habitante de las avenidas pero también
lustrabotas del poder. Inicialmente, en cámara subjetiva que correspondía
a un personaje siempre oculto y silencioso, Heriberto limpiaba los zapatos y en
largas parrafadas ponía en su sitio y hasta insultaba, en medio de una
catarata de argot bogotano, al personaje de turno.


Meses después, Lechuza se acabó y Heriberto fue acogido dos veces
a la semana en el Noticiero CM&. Una variable definitiva había hecho
del embolador un entrevistador. Frente a varias cámaras, Heriberto entrevistaba
brutalmente, en medio de intensas y alborotadas sesiones de burlas e ironías,
a los personajes de carne y hueso del protagonismo colombiano. Heriberto —y
con él Garzón— se había salido de la ficción.
El embolador pasó posteriormente a los noticieros del Canal Caracol y se
convirtió en un personaje tan fuerte como el Néstor Elí de
Quac en términos de aceptación del público. El guiño
que Jaime le hacía a la realidad parecía conducirlo por otros caminos,
más allá del periodismo y la actuación. Sus encuentros con
los poderes se multiplicaron en medio de una guerra sucia cuya escalada hoy resulta
evidente. Mientras tanto, dentro de la confrontación, nacieron los diálogos
de paz de 1999. Poco antes, Jaime, interesado por el tema de los derechos humanos
y apoyado en sus viejas relaciones con las Farc, en sus tiempos de alcalde del
Sumapaz, empezó a mediar en diversos secuestros. Muchas personas obtuvieron
la libertad gracias a su trabajo. La imagen de Heriberto se confundió entonces
con la de Garzón con la guerrilla recibiendo secuestrados, Garzón
en eventos de paz, Garzón con la sociedad civil, Garzón en La Habana,
Garzón con los exguerrilleros salvadoreños, Garzón negociador
y conciliador en medio de las balas, Garzón repudiado y señalado
como inconveniente por la extrema derecha. ¿Quiénes? Esos «autores
ideológicos» del magnicidio en Colombia, que no son ni el autor material,
el gatillero, ni el actor intelectual que da la orden de matar, sino esos círculos
múltiples donde se juzga y se condena y se da una opinión asesina,
para que los otros dos autores hagan el horrendo trabajo. Alguien o alguno de
los sectores que Jaime tocó y señaló con su irreverencia
o su crítica mordaz no le perdonó nada. Ni la vida.


Haber matado al bufón hizo reaccionar momentáneamente a todo un
país, que reconocía en el humor el paliativo de las crudezas diarias.
Humor que ha sido no pocas veces el ejemplo de una refundida identidad cultural.
La muerte de Garzón les hizo ver a los colombianos que por primera vez
el conflicto armado había tocado algo sagrado y tabú: la risa. Por
eso, un día después de su muerte, la plaza de Bolívar estaba
llena.


Entre la marea humana sobresalían doscientos lustrabotas de las calles
de Bogotá, que con su presencia recreaban en la realidad trágica
a un Heriberto cómico en la ficción, pero a la vez cierto. Tanto
que para permanecer, ahora yacía en un féretro.


El funeral tuvo lugar al día siguiente en un cementerio al norte de la
ciudad, a veintidós kilómetros de la plaza de Bolívar. Las
principales avenidas se convirtieron en ríos humanos que le impedían
al coche fúnebre avanzar. Era tal la marea humana que en un momento dado
un puente peatonal se vino a tierra, causando la muerte de tres personas. Tras
seis horas de innumerables desvíos, el cortejo por fin llegó a su
destino. En la intimidad de su familia y sus amigos más cercanos, Garzón
fue enterrado al son de su salsa preferida: «Quiero morirme de manera singular,
con un adiós de carnaval». Tema que había cantado algunos
días antes en un programa de televisión, tras haber contado su vida.
Pura premonición mortuoria.

CREACION DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

CREACIÓN
DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL

Septiembre 22 de 1867
Alma máter
Al asumir la educación superior el Estado colombiano
abrió las puertas a la formación de profesionales
en todos los campos del conocimiento.

Por
Jimena Samper*

La
firma de una ley que buscaba darle orden a la educación
superior en Colombia tras la profunda liberación
educativa promovida por el Olimpo Radical le dio vida a
la Universidad Nacional, la más importante en la
historia del país y en la que se han formado innumerables
pensadores, líderes, investigadores, científicos
y profesionales que han ayudado a transformar a Colombia.

El
22 de septiembre el presidente Santos Acosta, junto con
otros intelectuales, firmó la ley 66 que le dio vida.
Para su funcionamiento la universidad recibió bienes
expropiados a la Iglesia como los conventos de Santa Inés
y Santa Clara, El Carmen y La Candelaria, el colegio San
Bartolomé y parte del Hospital de la Caridad. En
las instalaciones de estos bienes desamortizados comenzaron
a funcionar las facultades de derecho, medicina, ciencias
naturales, filosofía, y artes y oficios.

La
recién fundada Universidad Nacional empezó
el 3 de enero de 1868 y tenía el deber de remediar
el daño causado durante 16 años de ausencia
de una institución de educación superior y
restituirse para formar una nación ilustrada y progresista.

La
gran característica de la Universidad Nacional de
1868 fue la libertad en todo sentido; era laica, no monopolizaba
ningún género de estudios, las carreras se
ampliaron y los estudiantes se inclinaban menos por la jurisprudencia
y más por carreras como la ingeniería, consideradas
más útiles. Se contaba con diversidad de estudiantes
provenientes de varias regiones del país y del extranjero.

Duro
aprendizaje

Entre
1820 y 1840 la educación se convirtió en una
de las principales preocupaciones de los gobiernos republicanos.
El nuevo Estado clamaba por la formación en las ciencias
útiles y necesitaba ampliar la clase dirigente y
capacitarla para que asumiera sus nuevas tareas en la administración
pública y en las actividades rurales. Para ese tiempo,
la educación oficial se encontraba en medio de los
debates de quienes proponían mantener el orden colonial,
y por lo tanto la educación en manos de la iglesia,
y los que proclamaban la libertad y la instrucción
laica y abierta.

En
1824 fue fundada la Universidad Pública de Bogotá,
que llamaron en ese momento Universidad Central, verdadero
origen de la Universidad Nacional, pero sus comienzos no
fueron los mejores.

Para
1831

Rufino
José Cuervo describió la lamentable situación
de la Universidad: “La Universidad. no presentaba un
cuadro menos doloroso. el desarreglo y la injusticia reinaban
en las asignaciones de los catedráticos y empleados,
y la disciplina era ninguna para los jóvenes que
estudiaban en ella.”. La Universidad se esforzó
por fomentar las ciencias naturales y superar el esquema
colonial de la medicina, la teología y el derecho;
sin embargo, a finales de 1836 estas carreras seguían
siendo lás más requeridas.

El
15 de mayo de 1850 José Hilario López suprimió
las universidades y el 19 de agosto de 1853 prohibió
la expedición de títulos universitarios. Estas
medidas se tomaron bajo la creencia de que la influencia
religiosa en la educación generaba privilegios y
desigualdades. Tantas fueron las libertades, que las universidades
fueron convertidas en colegios y se suprimieron los títulos
para el ejercicio profesional, con excepción de los
farmacéuticos. Con esto se pretendía suprimir
las desigualdades que se generaban entre empíricos
y graduados, y llevar la libertad de enseñanza a
sus expresiones máximas.

Dos
décadas después, cuando la mayoría
de radicales quería llevar las libertades individuales
de imprenta y pensamiento a toda la sociedad, un grupo de
intelectuales masones rescató la idea de crear una
universidad pública que sirviera de ejercicio pedagógico
de estos principios.

Nueva
vida

Es
así como, con cerca de 300 estudiantes, abrió
sus puertas la Universidad Nacional en 1868, pero con muy
precarios recursos. Tenía las escuelas de medicina,
con 4 profesores y 36 estudiantes; ciencias naturales, con
4 profesores y 35 estudiantes; ingeniería, con 3
profesores y 36 estudiantes, y filosofía y letras,
con 17 profesores y 228 estudiantes. Por ejemplo, la escuela
de artes y oficios tuvo que ser eliminada porque exigía
un gasto extraordinario de 24.000 pesos para instalar los
talleres y comprar la maquinaria. Al suprimirse esta escuela,
los alumnos tuvieron que trasladarse a la de literatura
y filosofía. Se carecía de herbario, de colección
zoológica y de laboratorios químicos para
el aprendizaje de botánica, física y matemáticas.

Por
otro lado tampoco fue fácil para los radicales desmontar
el sistema colonial en la educación, especialmente
por la oposición de la Iglesia, que rechazaba las
enseñanzas utilitaristas y sensualistas que se enseñaban
en la Universidad. El rector renunció en 1870 por
considerar que la orientación que se le estaba dando
a la enseñanza era muy política y poco científica,
lo que entorpecería su solidez y permanencia.

José
María Samper decía, con motivo de la creación
de la Universidad Nacional, que “por fortuna, después
de un eclipse universitario de 16 años, el buen sentido,
viniendo del auxilio del patriotismo, ha hecho renacer en
1867, con el carácter único y nacional, este
cuerpo que rectores, profesores y alumnos, unidos por el
amor a la ciencia, forman hoy, restituyendo a la Universidad
su vida y a las letras un santuario seguro y respetable”.

A
pesar de los múltiples tropiezos se creó la
Universidad Nacional, que aunque en un primer impulso no
dio los resultados esperados de progreso y civilización,
en 1872 la instrucción científica, la libertad
y el humanismo fueron las cualidades que la caracterizaron.
Por fin, los progresos de la Universidad empezaban a sentirse
durante la rectoría de Jacobo Sánchez en 1873.
La Universidad crecía en reputación, número
de alumnos, competencia y profundidad en las enseñanzas.

Desde
esta época la Universidad Nacional se fue consolidando
como el alma máter de la educación superior
de Colombia.

*Historiadora

ColombiaLink.com – ORIGEN PARTIDOS POLITICOS TRADICIONALES

ACESCO – Acerías de Colombia S.A.
Aceros laminados en frío de bajo carbono y en calidades comercial y embutición profunda.

Adiela de Lombana Ltda
Comercialización e instalación de productos para construcción liviana o Sistema Drywall, así como de productos de decoración y acabados arquitectónico

Arquicol Arquitectura en Colombia
Página de variedades en arquitectura.

Barnes de Colombia
Fabricación, ensambles y producción de motobombas y equipos de presión.

C y D Limitada Corte y Doblez
Compañía metalmecánica especializada en Driwall, Transportes industriales (material handling) Exhibidores P.O.P

Celsa S.A.
Página sobre iluminación y telefonía.

Colombit S.A.
Soluciones de alta calidad para la industria de la construcción. Cemento reforzado, yeso y polietileno.

Colrejillas
Página empresarial referente a la fabricación de todo tipo de rejillas.

Conciviles S.A.
Página empresarial sobre ingeniería, construcción y proyectos.

Conconcreto S.A.
Ejecución de obras de infraestructura, industria, comercio y vivienda.

Coninsa S.A.
Página empresarial de ingeniería y arquitectura, en el ramo de la construcción y la edificación.

Construcciones El Cóndor S.A.
Construcción de obras de infraestructura pública y privada.

Construcol
Portal virtual e informativo de ingeniería y construcción. Se encuentra en desarrollo.

Convel S.A.
Página referente al diseño arquitectónico y construcción.

Cristacryl de Colombia
Página empresarial que contiene portafolio de productos acrílicos, policarbonatos y láminas.

Cámara Colombiana de la Construcción – Camacol Valle
Página informativa de la cámara colombiana de la construcción.

Electrocontrol
Página referente a la fabricación de balastos y accesorios eléctricos.

Flexilatina – Fabricantes de accesorios para tuberías.
Ensamblar juntas de expansión, flexibilidad de tuberías, instrumentación, válvulas, empaquetaduras, inspección y limpieza de oleoductos.

García Vega Estructuras Metálicas
Página referente a carpintería, construcción y estructuras.

Grupo Argos
Página empresarial relativa a cementos y concretos.

Hernandez Bohmer Construcciones Ltda.
Página empresarial relativa a servicios de ingeniería y arquitectura.

Industria Haceb S.A.
Página corporativa con portafolio de productos electrodomésticos y gasodomésticos.

Industrias Proton
Página industrial relativa a la fabricación, instalación y montaje de maquinaria y equipos industriales.

Intraplas Ltda
Página empresarial referente a ingeniería de plásticos técnicos. Producción de perfiles plásticos, construcción y renovación de ventanas con aislamiento.

Listo
Articulos para construccion y remodelacion de edificaciones.

Multiconstructora y Cia Ltda
Página sobre diseño y construcción.

Parque Industrial y Comercial Tuluá
Página referente a proyectos industriales, comerciales y residenciales.

Pintuco S.A.
Página empresarial de productos relativos a la pintura en el área de la construcción.

Pizano S.A.
Página empresarial de la empresa maderera. Transformación y comercialización de productos forestales.

Quijano & De Irisarri Arquitectos
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Colombian Companies to begin export of cannabis to Canadian companies

Clever Leaves is a licensed Columbian producer of pharmaceutical-grade medical marijuana. It is the first company to get permission for exporting cannabis to Canada. This vertically-integrated company has attained a high-level success as Colombia has recently announced the legalization of medical cannabis.
On similar notes, Khiron Life Sciences Corporation has announced a partnership with US-based company Dixie which is another move to authorize cannabis export. Khiron Life Sciences is a Colombia-based company serving urgent-care requirements.
PharmaCielo, a Colombian cannabis company has attained an export license for medical marijuana oils. The beginning of its commercial sales has given a positive move to the company and it is looking forward to attaining great results with the advantage of legalized cannabis.
The government agency responsible for national public health of medical industry has permitted Clever Leaves for importing the dry cannabis flower from Colombia to Canada for testing purposes. This is by far the first time any Colombian company has been permitted to grow legal cannabis for some other nation. Clever Leaves fulfills all the requirements given by Health Canada for obtaining permission for import.
The Colombian government has regulated the use of cannabis only for medicinal usage. The cultivation has been done in a fair way to pass the inspection and get ahead with the positive notes for the company. At present, the Colombian government allows the export of cannabis oil only and dry cannabis flower is not permissible. Clever Leaves has always tried to accomplish the credibility of the company inch-by-inch to compete with the PharmaCielo Colombia Holdings. The company’s aim for commercial sales have almost begun and seems to pass all the standards.
Even if the dry-flower sales are not feasible, it is a major step for ensuring that the product is in compliance with the international medical cannabis standards and meets the quality in terms of every important aspect. The test results of the products being exported will determine the scope of the company to ship medical cannabis oil to the Canadian licensed operators in the future. Clever Leaves will subsequently begin the sale of CBD products in Europe and high-THC medical products in the German market. Clever Leaves was founded in 2017 and within 2 years of their operation, they claim to have strong business ethics and the working team of 200+ employees.
The company PharmaCielo has presented the facility of 12.1 hectares of cannabis greenhouses ready for cultivation. The seedlings are planted to contract growers and their own land to produce high-quality cannabis for medical usage. The company has even announced that it has got the approval of National Cultivar Registry for listing 10 unique CBD and THC strains. The business can proceed for commercial registration, manufacturing, and sale of strains to be used by Colombian companies and even exported to the worldwide markets.
Colombian companies can really succeed if they follow the dedicated and ethical approach to produce high-quality cannabis for spiritual and medicinal usage. Many countries are heading towards legalization of cannabis and it is quite sure that the market will bloom with the growing trends and research for cannabis.

Colombia’s approval for Medical Cannabis

Marijuana has been used for thousands of years. The major purpose of this drug for the people was to get high and it is majorly possible due to the primary ingredient THC (TetraHydroCannabinol). There are many medicinal purposes for which this drug is being used and it possesses some therapeutic properties if taken in right form, amount and timing. There are people who still use this drug for getting high and this is the recreational use of cannabis. However, taking an account of the medical uses, there are many countries which have permitted cannabis usage for various segments. Colombia is one of the recent nations which has allowed medical use of cannabis.

Medical cannabis is presently allowed in 31 countries in the world. Despite terming it as ‘illegal’, there are many states which have decriminalized personal usage of marijuana. The different between legalization and decriminalization is that legalization permits the use of marijuana without any legal complications or bounds whereas, decriminalization means the relaxation of the criminal penalties for violating the laws related to marijuana.

The Food and Drug Administration had already given approval for synthetic cannabinoids (Nabilone and Dronabinol) for treating vomiting and nausea associated with cancer chemotherapy. The US Food and Drug Administration has given approval to 3 cannabinoids. In the recent phases, GW Pharmaceuticals has attained success in treating two forms of epilepsy by getting FDA approval for the drug Epidiolex. The legalization of recreational marijuana is not much prevalent but many states are under the process to pass this on.

There are 3 major types of stocks included for medical or recreational marijuana sector:
Marijuana growers: Cultivation and plantation of cannabis plants in indoor facilities or greenhouses, harvesting the crops and finally, selling it to the customers
Cannabis-focusing biotech companies: These companies perform research and development for developing drugs including cannabinoids.


Service providers: There are service providers associated with every industry and cannabis sector is no different. It includes the various levels of providers linked at every stage to establish a smooth supply of cannabis throughout the region and even on the export platform.

Marijuana stocks were volatile in 2018 with the unsure decision by the government for legalization matters. The stocks were highly speculative and the new companies with great ideas were even seen with a dilemmatic eye. The administration of Trump has given a green-signal to many companies to initiate their business with the altered business-models and the legalized approach towards investments.

The markets suffered a lot with the ongoing sluggish decisions made by the governments. Colombia’s decision for permitting medical usage of cannabis has given a new start to the wide range of countries to initiate the process of even exporting the cannabis oil to Canada for testing and review. This primary step has given hope to the companies to develop new ideas and approach for generating cannabis-based businesses. Clever Leaves is the first company to attain the permission from the government to submit cannabis oil samples to Canada and it will be a success for the Colombian administration to get the approval from the company for getting the best quality medical cannabis.