ColombiaLink.com – LA CONVENCIÓN DE RIONEGRO

LA
CONVENCIÓN DE RIONEGRO

Febrero 4 de 1863
El sueño radical

Durante
22 años el país estuvo regido por una constitución
federal perfecta, pero para ángeles, como la denominó
Víctor Hugo.

Por
Luis Javier Ortiz Mesa*

El
4 de febrero asistieron puntualmente todos los miembros
de la Convención citada en Rionegro. El general Tomás
C. Mosquera
se presentó a las 11, escoltado por
12 ó 16 hombres que, se notó, traían
armas debajo de las ruanas… Mosquera dijo que lo acompañaban
algunos hombres armados porque creyeron que los gólgotas
querían asesinarlo ese día; pero en su opinión,
estaban engañados… “¿Y por qué
lo habríamos de asesinar a usted?, que ha prestado
y puede seguir prestando muy útiles servicios al
país, sobre todo si hay una oposición que
lo tenga dentro de ciertos límites necesarios, en
lo que sus oposicionistas sirven al interés público
y son de utilidad incontestable para usted”. (Memorias
de Salvador Camacho Roldán).

La
guerra civil de 1859-1862 culminó con la derrota
del gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez
y de la Iglesia católica, la recuperación
de la administración por el Partido Liberal y la
nueva Constitución de 1863.

Sesenta
y tres fueron los constituyentes elegidos, de los cuales
un buen grupo de “notables” eran seguidores de
Mosquera, que también contaba con muchos opositores.
Los diputados elegidos eran todos liberales y ningún
representante del conservatismo estuvo presente en esta
Convención, expresión de la tradicional exclusión
impuesta a los vencidos.

La
Carta ratificó el sistema federal, pero a diferencia
de la anterior, erigió con nueve Estados Soberanos
(E. S.) los Estados Unidos de Colombia: Antioquia,
Bolívar,
Boyacá,
Cauca, Cundinamarca,
Magdalena,
Panamá, Santander
y Tolima.

El
Presidente de la Unión sólo tenía facultades
para desarrollar funciones expresamente delegadas por los
E. S.: manejo de las relaciones exteriores, organización
y sostenimiento de las Fuerzas Armadas del gobierno general,
administración del crédito público
y de las rentas nacionales, régimen de comercio exterior,
decisión de las controversias entre los E. S. y determinación
de la moneda. El máximo interés del liberalismo
fue dar amplia autonomía a los Estados Soberanos
y reducir la capacidad de maniobra del Ejecutivo, sometido
además a un corto período de dos años,
en clara manifestación contra el caudillismo mosquerista.

El
liberalismo radical defendió un gobierno federal
fundado en el
laissez-faire,
en autonomías regionales y locales, inexistencia
de un ejército central y presencia de fuerzas regionales;
una sociedad laica y de clásicas libertades -aunque
no exentas de limitaciones-, fundada en la educación
y la apertura del país a ideas y a mercados internacionales,
sin la tutela de la Iglesia.

Precisamente,
un asunto crucial en esta Constitución fue la separación
absoluta entre la Iglesia y el Estado, independencia marcada
desde su preámbulo “sin Dios” que rezaba:
“La Convención Nacional en nombre y por autorización
del pueblo y de los Estados Unidos colombianos que representa”;
consagró la libertad para profesar cualquier religión,
siempre que no se atentara contra la soberanía nacional
o se turbara la paz.

El
título de ‘Garantías de los derechos individuales’
estableció el compromiso de respetarlos: inviolabilidad
de la vida humana y exclusión de leyes que impusieran
la pena de muerte; libertad absoluta de imprenta y de circulación
de impresos nacionales y extranjeros; libertad de pensamiento,
expresión y enseñanza; sufragio universal
reglamentado por cada E. S.; libertad de trabajo, industria
y comercio, inclusive de armas y municiones, útil
para que cada E. S. conformara sus propias fuerzas armadas.
La Constitución fue rígida en lo relativo
a sus posibles reformas; cualquier modificación debía
contar con el respaldo unánime de todos los E. S.

Los
retos

La
Constitución de 1863, a diferencia de las expedidas
anteriormente (1821, 1830, 1832, 1843, 1853, 1858 y la posterior
de 1886), tuvo una inspiración de corte democrático
liberal y trató de abrir camino a la fundación
de un Estado laico.

Los
problemas fueron múltiples para dirigentes liberales
que en una sociedad tradicional, rural y tutelada por la
Iglesia católica, proyectaron una sociedad moderna,
progresista y de amplio ejercicio de la ciudadanía;
soñaron con un país productivo, mejor comunicado
y ligado a las nuevas fuerzas del mercado mundial y a las
nuevas tendencias de bienestar social y material.

La
federación fue la manera que encontraron las oligarquías
regionales para ganar autonomía y disponer del patrimonio
nacional -tierras, minas y burocracia- sin entrar en una
confrontación general, gracias a un poder central
debilitado y limitado a unas funciones. Las autonomías
locales y provinciales se fortalecieron, se descentralizaron
rentas y gastos públicos, así como la guerra,
ya que las oligarquías regionales contaban con ejércitos.
Los 22 años que duró esta Constitución
dejaron como resultado más de 40 rebeliones regionales
y locales y una guerra civil nacional.

Con
la Constitución de 1863 todos los Estados Soberanos
quedaron bajo regímenes liberales; solo por golpes
de Estado -1864 y 1867- los conservadores rigieron los destinos
de Antioquia
y Tolima. El positivo ciclo exportador de tabaco, añil
y quina coincidió con los mejores momentos del régimen
liberal radical que comenzó a desgastarse por su
exclusivismo político, la crisis de las exportaciones,
los fraudes electorales y la oposición del Partido
Conservador y de la Iglesia católica a su proyecto
laico. Las ventajas de la federación y de las fuerzas
locales fueron puestas en duda por los conservadores; el
paisaje educativo y cultural fundado por los radicales fue
desafiado por una cruzada religiosa; el control ejercido
por la Iglesia católica en la vida de los individuos,
liderado por el papa ultramontano Pío IX, quiso ser
restablecido por obispos y numerosos sacerdotes.

La
Constitución sería reformada como resultado
de las guerras civiles de 1876-1877 y 1885. El Syllabus
errorum (catálogo de los errores censurados por el
papa Pío IX) y la Constitución de 1863 se
constituyeron en símbolos de Nación y dos
banderas de guerra; su confrontación terminó
con el triunfo de las fuerzas del conservatismo y la Iglesia
católica. Las puertas quedaron abiertas para la construcción
de un país menos tolerante y más católico,
muy polarizado y más acorde con políticas
autoritarias y decisiones centralizadoras, lo que se plasmó
en la Constitución de 1886.

*Doctir
en historia. Profesor y director de la Escuela de Historia
de Universidad Nacional de Colombia – sede Medellín-.